San Petersburgo: Palacio de Catalina

 
 

A las afueras de San Petersburgo llegamos a Pushkin, que toma su nombre del famoso poeta ruso. En Pushkin está el Palacio de la Zarina Catalina la Grande, una de las obras maestras del Barroco Ruso. La riqueza, el lujo y esplendor son los mejores adjetivos para este palacio, construído por el maestro Rastrelli. La fachada es una armonía de oro azul y blanco. Colosales estatuas hacen de sus columnas alternados de grandes ventanales. Su interior es un conjunto de enormes pabellones, salones y grandiosas salas a la cual más rica y ostentosa. Destaca la famosa “habitación ámbar”, una estancia totalmente recubierta de ámbar de varios matices. Se la conoce como la octava maravilla del mundo. Los jardines del palacio son muy extensos profusamente decorados con estatuas, fuentes y canales.

El Zar Pedro I regaló a su esposa Catalina, los terrenos donde luego se construiría el conjunto del palacio y sus parques adyacentes. Un tiempo después sería la Zarina Catalina II la que lo decorara y diera esplendor; más de 100 kilos de oro se emplearon en la decoración de la fachada del palacio. Era el llamado Palacio de Verano.

Catalina II de origen alemán, fue una gran mujer polifacética, ilustrada, ávida lectora, estadista, muy controvertida, inteligente y activa en su época. Impulsó la cultura y el arte en Rusia. El Hermitage cuenta con muchas de sus riquezas gracias a la Zarina Catalina II. Además fue autora de diversas obras de teatro.

Catalina II mantenía correspondencia con grandes personalidades de la época como Voltaire, con el que tuvo una larga amistad durante años. Contribuyó en la política, en las artes, en la cultura y en las relaciones exteriores de Rusia. La Zarina fue muy conocida por sus numerosos amantes; el mito cifra en más de cien. Era además generosa con ellos a los que regalaba riquezas y palacios en San Petersburgo. Se dice que Catalina II era tan cuidadosa de su imagen, que cambiaba hasta tres veces de vestido durante sus fiestas.

Si tienes oportunidad visita el Palacio de Catalina, testimonio del lujo y esplendor de la Rusia de los Zares.

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