Camino de Santiago
El Camino de Santiago es el tramo que realizan los peregrinos que se desean llegar a Santiago de Compostela para visitar la tumba del Apóstol Santiago. Desde el siglo IX se ideó como una de las rutas más importantes y tradicionales de Europa, convirtiéndose en la espina dorsal de los reinos de la península Ibérica.
Tras un algunos años de ostracismo, el Camino de Santiago ha vuelto a resurgir con fuerza en las últimas décadas del siglo XX gracias a las ganas de los amantes del mundo xacobeo, de asociaciones y cofradías xacobeas, de administraciones públicas y de la Iglesia.
Es un camino al que acuden actualmente miles de peregrinos de todo el mundo para dirigirse, a pie, en bicicleta o a caballo, a Santiago de Compostela. Así pues, el Camino siempre está disponible a todo aquel que quiera recorrerlo.
El Camino de Santiago no es una única ruta. Hay diversas rutas establecidas como Camino de Santiago, señalizadas con la característica flecha amarilla, aunque la inmensa mayoría elige el denominado “Camino Francés”, de la frontera franco-española en Navarra (Valcarlos-Roncesvalles) hasta Santiago de Compostela o bien en su variante aragonesa de Somport-Jaca hasta enlazar con la otra ruta en Puente la Reina. Es la ruta más conocida y la que más huella histórica y artística ha dejado a su paso. Pero hay otras rutas como El Camino Primitivo (desde Oviedo a Santiago donde podrás alquiler hoteles en Oviedo o en Santiago), el Camino de la Costa (por la costa Cantábrica), la Vía de la Plata (desde Sevilla), el Camino del Ebro (desde el delta del Ebro), el Camino Catalán (desde Montserrat), el Camino de Madrid (desde Madrid), Levante, del Sur, Inglés… Cada camino es diferente, en jornadas, en gentes, en paisajes, en clima…

Hasta los años 80, el Camino de Santiago era una peregrinación, a pie, en bici o a caballo, a Santiago de Compostela. Esta ruta que va por pueblos, ciudades, campos, bosques… está preparado para realizarlo a pie, en bicicleta o a caballo, aunque para esta última posibilidad las cuadras son escasas y hay que preparar las estancias antes del peregrinar. No está acondicionado para vehículos a motor. De noviembre a mayo es muy difícil recorrer el Camino de Santiago en bici, debido a las zonas encharcadas y el barro, por lo que tendrán que recurrir en esos tramos a las carreteras.
El próximo Año Santo o Año Compostelano será el próximo 2010.
La mejor época para ir a Santiago son en mayo, junio o septiembre cuando comienza a hacer buen tiempo y no hay gran masificación en los refugios de peregrinos del Camino. De octubre a abril son pocos los peregrinos que marchan, debido al frío, la lluvia, el barro e incluso la nieve.
Hace falta preparación, andar unos días antes con el mismo calzado y con un peso en la espalda parecido al que va a llevar. Se debe preparar sus pies, pues las ampollas se lo recordarán por el Camino. Si va ir en bicicleta, debe realizar marchas los fines de semanas anteriores antes de la partida. Si no se es iniciado, consulte a su médico de cabecera y comience los primeros días con suavidad. Por último, haga revisar su bicicleta y recuerde que debe saber solventar por sí mismo todos los problemas mecánicos que pueda tener con la bici.
Equipaje que debemos llevar
Ropa: Depende siempre de la estación del año pero para lo más habitual, en verano, podría ser: tres camisetas, dos pantalones (los desmontables son muy útiles), tres juegos de ropa interior, un jersey, un chubasquero o capa de lluvia. En los meses fríos deberíamos añadir un polar, guantes, gorro y bufanda. En cuanto al calzado, deportivas o botas flexibles que en ningún caso sean nuevas y con las que te encuentres cómodo. Para recambio cuando no se camine, unas sandalias (sólo en verano) u otras deportivas.
Documentación: DNI o pasaporte, tarjeta de la Seguridad Social, credencial del peregrino y una tarjeta de crédito (en metálico sólo lo necesario para dos o tres días). Todo esto se puede llevar en una riñonera, de la que no hay que separarse nunca y que nos vendrá muy bien para tener algún otro objeto que deseemos tener siempre a mano. Si vamos a realizar la ruta como peregrino, debemos acreditarnos debidamente. Para ello, tenemos que dirigirnos a una asociación, cofradía u obispado en los que expidan credenciales, como ya se indica en el apartado sobre la credencial.
Dinero: Nuestros dos principales gastos serán la alimentación y el hospedaje. Depende de si vamos de restaurantes o nos hacemos nuestra propia comida (en muchos albergues hay cocina para uso del peregrino). Del segundo también depende el lugar que escojamos para dormir. Albergues de peregrinos, pensiones, hoteles… el alojamiento es de lo más variado. Eso sí, si vamos como peregrinos y dormimos en albergues, en muchos de los cuales se suele pedir “la voluntad”, hay que colaborar, que su funcionamiento depende de nuestro dinero, y dejemos por persona 3-4 euros.
Puede iniciar la ruta donde mejor le venga, teniendo en cuenta, eso sí, que si desea conseguir la Compostela en Santiago debe haber realizado por los menos los últimos cien kilómetros a pie o los últimos doscientos en bicicleta.
El peregrino que va a Santiago es acogido en diversos albergues y refugios. Éstos son lugares en los que se cubren las necesidades más básicas, como es un techo y cama, de manera caritativa y son regentados habitualmente por personal voluntario. Los albergues de peregrinos son de lo más variado, desde un polideportivo hasta una moderna casa rural acondicionada hasta con calefacción.
Para ser identificado como peregrino y, por tanto, tener opción a ser acogido en algún lugar, es necesario portar la credencial del peregrino. Éste acredita al portador la condición de peregrino. Se puede recibir tras un encuentro personal, pero nunca por correo, en las asociaciones, cofradías, refugios, arzobispados y otros puntos como en la Universidad de Navarra, en los que ha delegado el Arzobispado de Santiago. Los refugios en los que se consigue la credencial son los de las ciudades más relevantes del Camino, además de Roncesvalles. Cuesta entre 0,2 y 1 €, aunque habitualmente se pide la voluntad. La credencial no genera ningún derecho; sólo demuestra que el portador es peregrino y puede así acogerse a la hospitalidad de los refugios y de la gente que encuentre en el Camino.
Por otra parte, la credencial es el documento utilizado para conseguir la Compostela. La credencial se debe sellar dos veces al día en los lugares por los que pasa (sellos de iglesias, refugios, hoteles, bares….), indicando la fecha, para demostrar que se está efectivamente haciendo la peregrinación.
Sus precios pueden llegar hasta los 8-10 euros, pero los hay bastantes de donativo voluntario, en el que el peregrino deja lo que puede. Dado el carácter altruista de estos lugares, es recomendable adaptarse a las normas que cada refugio tiene establecido y agradecer lo que se le ofrezca, empezando por dejar todo lo más limpio posible.
En la mayor parte de los refugios de peregrinos no se reserva ni se puede dormir más de una noche, salvo casos de enfermedad
y en la mayoría no aceptan animales de compañía.
Algunos consejos: no sea ruidoso por la noche y, si va a madrugar, tenga todo preparado para no molestar al resto de peregrinos al levantarse. Evite el ruido de las bolsas. Los refugios son exclusivamente para peregrinos a pie, en bici o a caballo. Si va con coche de apoyo, no juegue con la buena voluntad de los demás. Busque lugares alternativos para pernoctar o utilice tiendas de campaña. Los grupos de más de nueve personas deben llevar su propia infraestructura (como tiendas de campaña) o buscarse otros lugares de alojamiento alternativos. Recuerde que los peregrinos de a pie tienen preferencia sobre los ciclistas. Si el refugio está lleno (habitualmente en verano), pregunte o busque lugares para dormir alternativos.
Planificar las etapas: Conviene programar al principio distancias cortas. La peregrinación a pie está al alcance de todo el mundo, pero se deben tener en cuenta las posibilidades de cada uno. La media diaria a pie oscila entre 20 y 35 kilómetros y en bicicleta de montaña entre 60 y 100, teniendo en cuenta en la planificación de las etapas las distancias entre refugios. De todas formas, no hace falta desfondarse y obsesionarse por hacer kilómetros; también hay que visitar lo que recorremos, pues es historia y cultura. En caso de que no le dé tiempo a realizar lo que tiene planificado, algo que ocurre muy a menudo, puede dividir su peregrinación en varios años o empezar un poco más cerca de Santiago.
¿Sólo o acompañado?: Si parte entre abril y octubre y recorre el llamado “Camino Francés”, nunca estará solo en el Camino. Llegar solo al punto de partida parece una temeridad, pero es quizá la mejor opción y encontrará otros muchos peregrinos como usted. La media diaria de peregrinos es alta y antes de terminar la primera etapa ya habrá encontrado compañeros de los que puede que no se separe en todo el Camino. De todas formas, si desea contactar con otros futuros peregrinos, puede buscar o dejar un mensaje en el apartado del web “Foros y chat” otros peregrinos. Al cerrarse en el grupo, ya sea familiar o de amigos, se pierde una parte del encanto del Camino de Santiago. Recuerde que si el grupo es numeroso, más de nueve personas, debe buscar alojamiento alternativo a los refugios, que en épocas de masificación no acogen a grandes grupos.
¿Cómo distribuir la jornada?: Aproveche el Camino para conocer gente, disfrutar, reflexionar… Se recomienda levantarse relativamente pronto y no andar al mediodía, para evitar el sol y el fuerte calor, sobretodo en Verano.
Y antes de salir debemos:
- Hacer estiramientos.
- No se duche por la mañana. Si lo cree realmente necesario, evite el agua caliente, ya que predispone la piel para rozaduras o ampollas.
- Si desea caminar en grupo, el que manda es el que va más despacio.
- En cuanto a la alimentación, no realice comidas copiosas. Es conveniente tomar más azúcar de la normal, mediante la forma de dulces o miel, fruta y frutos secos, como nuez, cacahuetes o pasas y barritas energéticas o sales minerales. Siempre hay que llevar un poco de alimento encima, pero no es necesario cargar con la comida de todo el día. Pare cada hora o hora y media, beba y coma un poco. No obstante, no realice grandes paradas.
- En camino, siga la flecha amarilla. Toda la ruta está marcada con ellas, más o menos. Y si no hay flecha, siga la lógica u otras marcas que hayan dejado otros peregrinos. Infórmese. No dude en preguntar al hospitalero o a lugareños sobre cómo se presenta la etapa del día siguiente.
- Sea civilizado. No tire ni basuras ni colillas. Sería de agradecer, si puede, que recogiera basura que encuentre por el camino para tirarla en el primer contenedor.
- Dosifique convenientemente. Normalmente, no se hacen días de descanso. Reduzca la jornada cuando esté agotado; no hay que obsesionarse por los kilómetros y el esquema prefijado.
- El sol será su peor enemigo en verano. No olvide la gorra o sombrero y la crema protectora. Evite a toda costa andar a mediodía.
- Cuide su salud. Si le salen ampollas, algo que seguramente ocurrirá, tenga claro que no se debe arrancar la piel, ni quemarla ni cosas raras. Es simple. Utilice aguja desinfectada, atraviese la ampolla y deje que se produzca el drenaje. Proteja la ampolla con tiritas o apósitos. En caso de que le molesten durante varios días, o se haya quemado los pies, o tenga tendinitis o cualquier otro dolor, deje el Camino. Continuar sólo lo agravaría y lo primero debe ser su salud.
- No se desanime si hace kilómetros de más porque se pierde o tiene problemas en algún tramo. Doscientos metros de camino embarrado le podrán costar más que dos kilómetros de carretera y le harán maldecir en arameo. Siga a su ritmo.